Arriba

“Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil
codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me
hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo
pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo
no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se
podía pasar sino a nado. Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Después me
llevó, y me hizo volver por la ribera del río” Ezequiel 47:3-6.

Introducción

Este libro calificado como “profeta mayor” tiene como tema central el juicio
sobre Israel y la gloria sobrenatural de Dios, describe los últimos años de la
monarquía hebrea, su caída y el periodo llamado de la cautividad en
Babilonia, (586 – 571 a.C.) Ezequiel fue sacerdote ministraba en el templo y
fue profeta de Dios, sus primeros años los vivió en Jerusalén, siendo testigo de
la degradación moral y espiritual que experimentó su pueblo, y luego fue parte
de los judíos que fueron desterrados a Babilonia junto al río Quebar. Dios lo
levantó para dar el mensaje del juicio divino al pueblo de Judá y Jerusalén,
pero principalmente a los líderes, y sustentar la fe del remanente de Dios en el
exilio anunciando la restauración de su pueblo y el establecimiento final del
reino de Dios en las naciones. En la última parte del su libro abarca la
esperanza futura, un avivamiento espiritual y la restauración de su pueblo,
Dios sería el pastor verdadero de su nación transformando su corazón y
dándole un espíritu nuevo, vislumbrando el evangelio futuro de la gracia que
encabezaría el príncipe de los pastores (Juan 10:11, Hebreos 13:20, 1ª.
Pedro 5:4).
Ezequiel tiene una visión, el Señor le muestra que, restaurando a Israel,
también restaurará el templo, la casa del Señor, el tabernáculo de Dios, el
centro de adoración de los judíos, no solo en el aspecto físico, terrenal o
visual, sino principalmente en el plano espiritual. El profeta ve un río de aguas
salutíferas que salen del mismo templo; debajo del umbral de la casa, como
dijera el profeta Zacarías; “Acontecerá también en aquel día, que saldrán de

Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad
hacia el mar occidental, en verano y en invierno”, Zacarías 14:8.
Este río, que corre desde el templo pasando por el altar desde el lado derecho,
se hace más ancho y mucho más profundo dando vida y fertilidad a todo lo
que toca; “y toda alma viviente que nadare por donde quiera que entraren
estos dos ríos vivirá… y vivirá todo lo que entrare en este río” (v.9); este río
desemboca en la región del mar muerto y libra de la muerte al ser humano.
Uno de los grandes propósitos de este río fluyendo desde su santo templo, es
dar vida abundante y sanidad de Dios a la tierra y el pueblo (v.12); este río es
similar al río que salía del huerto del Edén (Génesis 2:8-10) y al río de vida
que describe Juan en la nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:1-2), el cual sale del
trono de Dios.

Presentación

Ezequiel ve a un varón con un cordel en su mano que midió 1.000 codos
(cuatrocientos cincuenta metros de largo) haciendo entrar al profeta hasta los
tobillos, midió 2.000 codos (novecientos metros) y lo hizo pasar por las aguas
hasta las rodillas, midió 1.000 codos más y lo sumergió hasta los lomos, midió
otros 1.000 codos más, solo que ahora ya era un gigantesco río, el cual solo se
podía pasar nadando. El personaje le preguntaba al profeta; “… ¿has visto,
hijo de hombre?”, pareciera decirle: “¿Te fijaste bien, varón?”.
Esto también es para hoy, para esta época, para nuestro tiempo, para nuestra
realidad actual. El Señor levanta predicadores que hablen fuerte, llamen al
arrepentimiento al pueblo de Dios, de lo contrario, el Eterno traería juicio a su
iglesia (1ª Pedro 4:17, Apocalipsis 2:5). Mas el Señor también promete
restaurar y esperanzar a quienes se vuelven a Dios. Él promete enviar un río
de poder y de bendición desde su templo (iglesia) hasta el mar (el mundo);
Jesús mismo lo prometió en Juan 7:38-39; “El que cree en mí, como dice la
Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que
habían de recibir los que creyesen en él…”, una vez que los creyentes reciban
el don del Espíritu, sean bautizados y llenos del Espíritu, experimentarán una
vida desbordante y abundante, el río de agua viva “correrá” desde el creyente
y a su vez hacia otros con el mensaje salvador y sanador (Salmos 46:4, Isaías
32:15, 58:11; Jeremías 31:12, Joel 3:18).

Aplicación

A miles y miles de creyentes y miles de denominaciones cristianas les pasa
hoy lo que al profeta. Algunos solo meten los tobillos o las “patitas” en el
agua, es decir, viven un evangelio solo de nombre, superficial, por encima, no
se comprometen, no conocen ni siquiera algo vago del glorioso poder del
Espíritu Santo.
Otros se sumergen solo hasta las rodillas, es decir, siempre llevan el control de
su vida espiritual, del Espíritu del Señor solo conocen algunas caricias y
toques, y ahí se quedan (Apocalipsis 3:15-16, Jeremías 48:10). Otros,
perfectamente podríamos ser nosotros los pentecostales, se meten hasta los
lomos: son los que han experimentado el bautismo del Espíritu, la llenura del
Espíritu, se han comprometido con el evangelio, han perseverado firmes en el
evangelio (Hechos 1:8, Efesios 5:18, Joel 2:28), pero no están sumergidos
100 % en el rio de poder, siempre dejan algo afuera el río de Dios, tenemos
todo el cuerpo dentro del río, pero la cabeza la tenemos afuera, nuestra mente
controla más que Dios, no nos hemos dejado llenar, controlar y guiar
plenamente por el Espíritu Santo (Romanos 8:4, Hechos 10:19-20, Mateo
10:20, Hechos 8:39), todo cristiano debe sumergirse y nadar completamente
en el glorioso río de Dios que contiene aguas salutíferas (Salmos 46:4;
Salmos 65:9, Isaías 44:3, 41:18).
¡Basta de iglesias muertas, con predicadores muertos que les predican a
hermanos muertos ¡(Ezequiel 36:25). Esta es la era del Espíritu Santo, es el
tiempo de las verdaderas iglesias pentecostales, es el tiempo del poder de dios
actuando en la iglesia, queremos volver a ver a hermanos llenos del Espíritu
Santo, danzando en el Espíritu Santo, llorando, hablando lenguas,
quebrantados, pidiendo perdón, palmando sus manos, otros corriendo por el
pasillo, llenos del gozo del Señor, “A todos los sedientos: Venid a las
aguas…”, Isaías 55:1.

Culminación

El conformismo, la tibieza y la religiosidad nos ha hecho mucho mal. Muchos
ya no tienen sed de Dios ni de su Santo Espíritu (Salmos 42:2, 63:1).
Denominaciones cristianas que dicen ser pentecostales están secas y huecas.

Millares de cristianos dejaron de entrar al río de Dios, y esto es suicidia, es

exponerse a morir espiritualmente. En tiempo de tanta sequía espiritual
debemos dar gracias al Señor por el río del Espíritu Santo que aún está
corriendo en nuestras iglesias; “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la
salvación”, Isaías 12:3.

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